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La expedición se compone de hombres escogidos de las tierras pertenecientes al entonces reino de Asturias, vemos pues: gallegos, astures y cántabros entre otras gentes. Hay que sumar a esto la presencia de un judío que es quien, por mandato real, se ocupa de preparar el viaje, y la aparición de musulmanes que son los que tripulan la galera en la que se realiza la búsqueda. La presencia de musulmanes, adversarios naturales de los cristianos, es entendible en tanto que hablamos de un momento histórico en el cual el dominio de las aguas se lo reparten paganos e islamitas; pensemos que el Atlántico es dominado por los Drakkars vikingos, mientras que el Mediterráneo esta en manos de los piratas de Alá. Los cristianos no tenían barcos capaces de rivalizar con los de sus enemigos, por ello se concibe que mediante la mediación del judío puedan obtener los servicios de un marino bereber.

Entre nuestras pretensiones al narrar este libro, no sólo se conjuga un deseo de entretener al lector, sino que debemos añadir la plasmación consciente de ideas (y muchas veces inconscientemente) de diversa índole. Cabe remarcar la intencionalidad social de demostrar como individuos de culturas contrapuestas como son cristianos, musulmanes y judíos, propio del contexto hispánico de la época, ven difuminarse las fronteras religiosas, culturales e ideológicas cuando la convivencia se hace intensa. Además, dentro de las aventuras y desventuras de los personajes, en el libro se refieren ideas que buscan desmitificar las creencias, tan enraizadas en los hombres de antaño. Con todo, el relato principal de la obra lo constituye las vivencias de sus protagonistas.


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