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l siglo IX. Aún lejos de las grandes cruzadas a oriente, de la épica caballeresca, o el esplendor de la Iglesia, el siglo IX es una época oscura, tenida por bárbara y salvaje, donde el hombre se bate con la naturaleza en desigual fortuna... donde el hombre se enfrenta al hombre.
En estos tiempos ásperos es donde surge nuestra historia. Un manuscrito es encontrado en el reino de Asturias y para sorpresa de los contemporáneos habla de una preciada reliquia: el Manto Púrpura. Es aquella prenda con la que Jesús fue cubierto tras los azotes sentenciados por Pilato, una tela que recogió la sangre de las yagas abiertas. Junto a la corona de espinas, conformaba dos preciados tesoros del relicario cristiano.


En la España cristiana de la época, intimista, temerosa y entregada al doble ejercicio de la oración y las armas, única garantía ambas de su supervivencia, tamaño descubrimiento significaba un estandarte contra el Islam y una fuente de esperanza para las almas. Obtener el Manto equivalía a ganarse una antorcha ante la negrura.
Rápidamente se organizó una expedición para ir en su busca ( que se creía en Hibernia, actual irlanda), y en ella inspiramos nuestro relato y comenzamos su aventura. En la situación del momento, las arcas reales de Ordoño I, rey de Asturias, no brillaban por la abundancia por ello se debía reducir a lo indispensable como era: obtener el barco, los bastimentos y pertrechar a los tripulantes. Además, con esas características todo pasaría desapercibido y se ahorrarían problemas ante una posible disputa por la reliquia por otras potencias cristianas, e incluso enemigas de éstas.

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